Chile, cómo responden los forestales a la crisis

Marzo 2, 2009 · Imprimir esta noticia

 
Los contratos de las grandes empresas con los productores para incentivar la producción a través de apoyos económicos y tecnológicos, además de la reformulación del Decreto Ley 701, dejan bien parado al sector frente a las turbulencias económicas.
 
Aunque pocos lo tienen claro, el impacto en Chile de la actividad forestal es muy profundo. Este sector genera más de 120.000 empleos directos y 250.000 indirectos. Además, representa el 3,5% del Producto Interno Bruto (PIB) y exporta cerca de US$ 5.000 millones, casi el 13% de los envíos totales. En Chile, más de 900 empresas se dedican a esta actividad y elaboran más de 500 productos que llegan a 86 mercados tales como Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Argentina y Bélgica.

Entonces, los productos forestales, especialmente la celulosa, son vitales para la economía del país. De ahí se explica la batería de medidas que están tomando tanto el Gobierno como los privados para fortalecer las raíces del sector y enfrentar de la mejor manera los vientos de una de las crisis económicas más grandes en la historia.

Aunque, como para todas las áreas, aún no se sabe el alcance que tendrá esta crisis en los forestales, lo concreto es que el desplome del valor de la celulosa - que pasó de US$ 906 dólares la tonelada en mayo a cerca de US$ 590 este mes, según el índice Foex, pero en la práctica el valor está cercano a los US$420, prácticamente el costo medio de producción- ya se nota. Por otra parte, las empresas del sector, incluidas CMPC y Arauco, han cerrado más de 40 plantas de aserraderos y muchas adelantaron vacaciones a sus trabajadores. A ello se agrega la baja en las exportaciones de tableros y de partes y piezas de madera, que iban a la construcción.

Todo esto se reflejará en las exportaciones del sector: se estima que durante 2009 llegarán a los US$ 4.500 millones, un 15% menos que en 2008

“La crisis inmobiliaria de Estados Unidos y Europa frenó fuertemente las exportaciones de tableros, lo que afectó directamente a los países proveedores como Chile. Por su parte, la celulosa se está moviendo algo más, por eso los productores que plantaron para vender madera aserrada, hoy la comercializan como pulpa, que aunque es más barata, les permite mantener movimientos de caja. La celulosa aún no está tan complicada como el cobre y creo que el sector forestal chileno está bien preparado para aguantar precios bajos, ya que las empresas tienen un respaldo de activos bastante grandes y no están endeudados como otros países”, explica Juan José Troncoso, ingeniero forestal y profesor del Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad Católica.

A pesar de que las cifras no son positivas, los forestales se mantienen optimistas. La tesis que se plantea dice que si Chile sale más o menos entero de la crisis, el futuro sería muy auspicioso: se estima que en los próximos años la tasa de forestación debería aumentar en un millón de hectáreas, lo que se sumaría a los dos millones que ya existen. Además, la coyuntura internacional favorecería al país.

“El precio mundial de la celulosa está al nivel de los productores más baratos, que son Chile y Brasil, lo que significa que muchas plantas del hemisferio norte no soportarán la presión y cerrarán, ya que a diferencia de otros períodos recesivos, en esta oportunidad hay además una contracción del crédito. Los productores de Estados Unidos serán los más afectados. Los de Canadá, en tanto, accederán a subsidios del Gobierno, estimándose que un tercio de las plantas cerraría, de seguir la tendencia de baja demanda y precios estancados. Lo mismo ocurrirá en Escandinavia. Las firmas brasileras están muy endeudadas. Entonces, no sería raro que empresas chilenas, como Arauco y CMPC, que tienen una sólida posición financiera, aprovechen la oportunidad de consolidarse en América Latina e irrumpan en el contexto mundial como grandes potencias de la celulosa cuando la economía se reactive. Arauco, por ejemplo, ya tiene más de 200.000 hectáreas fuera de Chile y CMPC la mitad de esa superficie”, señala Aldo Cerda, gerente de bosques, industria, contrucción y servicios sustentables de Fundación Chile.

Contratos flexibles y reformulación de la ley

Para la Corporación Chilena de la Madera (Corma) la mejor forma de paliar los efectos de la crisis es a través de la forestación, ya que aminoraría el desempleo. Por eso proponen que el Gobierno y los privados inicien la forestación de 100 mil hectáreas lo que significaría la creación de más de 15 mil empleos.

La celulosa y la madera aserrada son, sin duda, las actividades más importantes del sector forestal - agrupan a más del 60% de las exportaciones madereras totales- y por eso gran parte de las medidas se enfocan a pavimentar sus caminos.

Una de las primeras medidas se dio naturalmente y provino de las empresas que evolucionaron a un sistema de contratos que permitió que propietarios de tierras invirtieran en bosques de pinos y eucaliptos.

“Al principio eran las empresas las que compraban terrenos y plantaban sus propios bosques con una rentabilidad a 15-25 años. Pero a partir del desarrollo de la securitización forestal, desde hace seis años, sofisticaron el modelo y empezaron a ofrecer a los propietarios de terrenos asociaciones en modalidades mixtas y variables. Así, les brindaban asesoría técnica y económica a los productores, asegurándose la materia prima para sus plantas. Empresas como Arauco, Masisa y Minico han optado por este sistema que, a la larga, genera una mayor superficie plantada”, dice Cerda.

Forestal Mininco adoptó recientemente una nueva modalidad dentro de esta tendencia con el objetivo de aumentar las tasas de forestación e incentivar el ingreso de nuevos actores al negocio.

“Vimos que existía una brecha importante desde el punto de vista tecnológico, productivo y financiero que estaba disminuyendo el desarrollo forestal de los propietarios de tierras e inversionistas forestales. Cada día entraban menos actores debido a los altos costos de la tecnología, a los largos plazos para recuperar la inversión y a un sistema financiero poco flexible. Ante esto, propusimos alianzas con propietarios forestales, empresas de servicio y financiero, propagando criterios de buenas prácticas productivas, económicas y ambientales. De esta forma, la empresa logra crecer en dimensión y volumen a partir de redes locales de producción e inversión de alto valor”, explica Juan Escobar Belman, gerente de asuntos públicos de Forestal Minico.

A estas iniciativas privadas se sumó el incentivo del Gobierno de aumentar transitoriamente los beneficios del Decreto Ley 701 - que destina US$ 40 millones anuales- que pretende mantener el nivel de actividad durante la crisis y evitar que los pequeños productores se endeuden más de la cuenta

La norma financia los gastos de forestación, según la tabla de costos que recientemente entregó Conaf. En ésta aparecen los bonos destinados a cada actividad, aunque debido a la antigüedad de la ley, hay factores que quedan fuera.

Las modificaciones realizadas a la tabla de costos permiten cubrir las actividades del área forestal en un 20 por ciento más que en 2008. El objetivo de esta inyección de recursos es agilizar los procesos, los planes de manejo, el pago de bonificaciones para propietarios y operadores forestales, además de flexibilizar los criterios técnicos para la acreditación de los bonos forestales.

“Hay que mantener activo al sector, ya que permite tener materia prima para que siga operando la industria. Así se mantiene un costo de funcionamiento competitivo en los mercados internacionales que están deprimidos. Además, es una forma de generar empleo, ya que lo bueno del forestal es que es contra cíclico con el agrícola y se pueden complementar”, afirma Catalina Bau, directora de Conaf.

De hecho, se espera que la medida genere 8.500 empleos directos y 5.500 indirectos en los próximos meses. Además, se calcula que se forestarán 60 mil nuevas hectáreas.

“La ley también plantea recuperar suelos degradados y propone una plantación dendroenergética - apta para la producción de biomasa- , lo que permite el ingreso de actores distintos a la industria. Aunque este año los incentivos para cultivos energéticos no estuvieron disponibles”, añade Cerda.

En todo caso, una de las estrategias globales más importantes pasa por crear acciones de largo plazo.

“Esta no será ni la primera ni la última crisis, por eso hay que diversificar los productos y mercados, además de desarrollar productivamente el bosque nativo, que ayudaría bastante. Los Ministerios de Hacienda y Economía han generado un conjunto de medidas tendientes a entregar liquidez a los mercados y a acotar lo más posible los efectos de la crisis financiera en las actividades productivas. Es de esperar que las medidas estén pensadas en este contexto de largo plazo y con visión estratégica”, explica Pablo Honeyman, ingeniero forestal e investigador de la Universidad Mayor.

Aserraderos complicados

Si bien el panorama para el sector forestal es auspicioso, el ambiente se nubla cuando se habla de los aserraderos que emplean a 100 mil personas de forma directa e indirecta. Con el cierre de las plantas muchos se han quedado sin trabajo y la situación podría empeorar.

La consecuencia más lógica será el despido masivo de trabajadores en Chile y el problema, es que al ser una labora tan técnica, no es llegar y cambiar a estas personas de trabajo. De hecho no existe sustitución entre empleo industrial y el que se generará por aumento de la forestación.

“urgen medidas para el sector. Necesitan acceder a créditos, un subsidio temporal al empleo y aumentar los programas de construcción con madera, principalmente, para las casas sociales. Hoy, quedan muy pocos mercados que siguen comprando este tipo de productos y, los que lo hacen, son de alto riesgo de pago”, agrega Cerda.

¿Qué pasa con el bosque nativo?

En Chile hay 13 millones de hectáreas de bosque nativo, de las cuales 6 millones pueden ser explotados. A pesar de la crisis, no debieran verse muy afectados, ya que no entran dentro de la categoría comoditie y pueden ofrecer un producto más diferenciado. Además, con la aprobación de la ley de bosque nativo en 2007, el gobierno dispondrá de 8 millones de dólares para el sector.

El productor ahora será subsidiado y podrá hacer proyectos con roble y coihue como reservas o complejos de ecoturismo. Lo bueno de la ley es que serán fondos concursables que se dividirán entre grandes y pequeños.

“La aplicación de esta normativa y el uso de sus beneficios por parte de los propietarios de bosque nativo, requieren de inversión pública, pero también de privados para impulsar el desarrollo del recurso. Bajo este escenario económico, la situación se podría complicar”, explica Honeyman.

El principal problema de esta ley es que la tabla de costos para bonificaciones establecida por el ministerio de agricultura sólo cubre el 50% de los valores reales de las distintas actividades de manejo. Entonces, resulta necesario que aquellos costos se definan de acuerdo a criterios más cercanos a la realidad, lo que se traduciría en una mayor incorporación de la mano de obra rural al sector.

Fuente: Revista del Campo

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